“Convertirse en facilitador del aprendizaje, más bien que en profesor, es un asunto peligroso. Implica incertidumbres, dificultades, y retrocesos, y también una aventura humana llena de emociones, cuando los alumnos comienzan a mostrar sus frutos, […] No tengo palabras para expresar cuánto me gustaría que alguien agitara esa varita mágica para convertir la enseñanza en facilitación” (Rogers, 1964, p. 2).
¿A qué varita mágica se referiría Carl Rogers hace más de 50 años atrás?